martes, 13 de enero de 2009

Si tan sólo supieras aquello que ni yo sé.

Sentados bebíamos de una caja el poco vino que iba quedando. Recuerdo que se acercó a nosotros uno de esos vagabundos que sin querer dicen aquello que temes escuchar.
Nos pidió primero una moneda, pero no teníamos. Tú sin pensarlo le ofreciste vino y fue quizás el error que condujo a nuestros oídos la dulce historia a la que tanto nos negamos.
Entre sorbo y sorbo no dejaba de mirarnos. Intrigada le pregunte que si estaba bien, pues noté un dejo de nostalgia en sus pupilas.
- Se ven tan lindos- fue todo lo que dijo en ese instante. Noté en tu rostro consternación y, probablemente sin darte cuenta, tomaste mi mano mientras perdías tu mirada en la oscuridad que caía sobre nosotros. ¿Yo? No hice más que obviar aquel detalle así como también evadir los pensamientos que comenzaban a surgir del silencio que se había producido. No quería sentirte, no quería pensarte y bien sabía que no quería amarte.
El vino se acabó y el vagabundo se puso de pie. Tomó nuestras manos que hace unos segundos se habían soltado y las volvió a juntar. "No, no la sueltes jamás. Tú la amas. Tú lo amas" Me miraste buscando seguramente una respuesta o una aclaración, es decir, buscando en mi mirada aquello que ni yo entendía.
Así se alejó y nos largamos a reír nerviosos. ¿Sería cierto? ¿Acaso nos amábamos sin saberlo?
No lo supe en ese momento y no lo sé ahora. Creo que es mejor olvidar esa duda; ya no vale la pena cuestionarme si te quise, si me quisiste. Soltaste mi mano y con eso me despertaste del sueño que estaba viviendo.