Una de las cosas buenas de las vacaciones es que existe el tiempo suficiente para leer novelas y escapar del mundo. Leer y conocernos más para poder crecer. En esas páginas se encuentran sentidos, respuestas, se logra empatizar y entender que no estamos solos en el mundo. Nos hacen la vida más llevadera y nos dan ganas de soñar nuevamente.
Debo decir que extraño como creí que no lo haría, pero jamás como antes. Con las novelas puedo calmar aquello y convencerme de que no es lo último ni lo más terrible. Si esos personajes, tan reales, tan humanos, son capaces de vivir y disfrutar lo que a veces pensamos que nos podría destruir, entonces también podemos soportalo. Al menos a través de ellos somos capaces concluir las historias, podemos tratar de entender o valorarlas como corresponde.
La vida no es injusta. Tampoco es justa. La vida es y con eso basta y sobra porque todo lo ocurrido es en pos de algo, tiene un sentido y nuestro deber es ser pacientes y atentos a encontrarlo. Nunca cerrarnos, nunca dejar de creer, nunca perder la fe. No hay cosa más humana, más sincera que vivir nuestra vida y no hay nada más óptimo que aprender a quererla y valorarla con sus altos y bajos.
Me encanta soñar y disfruto mis vacaciones por la libertad que tengo para ocupar mi tiempo en otorgarme estos placeres tan sanadores.
Lean, sueñen y vivan. No es contradictorio soñar y vivir, son las partes de un todo y cuando se logra entender eso nuestra vida mejora y los sueños dejan de serlos para conformar nuestra realidad. Vivir soñando y soñar viviendo. Son dos de las cosas que jamás deberíamos dejar de hacer.
viernes, 18 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
