La pena se había ido, las cosas habían mejorado y ella se sentía plena. Pero nuevamente era un espejismo, parte de la mentira que se contaba cada noche para no caer en la desesperación.
Las manos le dolían y las lágrimas eran difíciles de controlar. La soledad estaba junto a ella. Aguardaba a los pies de su cama mientras dormía, caminaba tras ella en las calles, se sentaba a mirar la televisión a su lado, se hacía sentir.
Era jóven, pero sentía su alma vieja, su angustía no correspondía a su edad. La soledad no debía aparecer tan pronto, pero había nacido junto a ella. No era posible separarse.
A veces se llevaban bien. Ésto ocurría cuando se resignaba, cuando la gente la decepcionaba y sentía que no valían la pena. Pero después abría los ojos y se volvía a maravillar con el mundo,con al gente, con los sentimientos, la interacción y no sólo quería alejarla para siempre, lo necesitaba. Erróneamente llenaba su casa de personas pués pensaba que eso la haría sentir incómoda, la soledad vería que no podría con ella y la dejaría. Por otro lado, salía a todas partes donde la invitaran para conocer, para conseguir compañía.
Lamentablemente nada resultó jamás. Ella no entendía que si naces con la soledad a tu lado, no te dejará porque en el fondo, es la única compañía segura. La gente pasa y ella se queda. Se queda aunque uno no quiera. Se queda y sólo acaba cuando tú te marchas.
martes, 8 de diciembre de 2009
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