Y otra vez en lo mismo. Se suponía que esto había pasado porque después de darle vueltas al asunto logré encontrar las mejores respuestas, todos los porqué que buscaba y con aquel sentido había disminuido la tragedia. Pero no. Hoy de nuevo no entiendo nada. Es que es cierto que mi memoria es frágil y que mi déficit atencional es severo, pero creo que va por otro lado.
Todos estos días me he preocupado de llenar las horas con superficialidades, salidas, amigas, televisión, etc. Todo para no pensar, pero resulta que mi mente busca escapar a las ideas exiliadas del diario vivir y en dos segundos ya estoy sumergida en el mar de incertidumbres.
Si las cosa hubieran sido de otra forma. Si no me esforzara tanto, de manera inconsciente, por alejar a quienes me quieren o dicen hacerlo. Tal vez, las cosas hubieran sido distintas. Pero no, son de una forma y no de otra, tengo que resignarme.
Pero no entiendo, es que ella se volvió en tan poco tiempo tu amiga o es que te gusta o es que qué. Porque a mi no me dijiste nada y siento que a ella le dices mucho. Conmigo te dedicaste a emitir sonidos que yo me esforzaba, me desvivía para descifrarlos. A ella le dices palabras.
No sé si la buscas en las noches como me buscabas a mí, no sé si ella apoya su cabeza en tu pecho como lo hacía yo. ¿Ella siente tu olor en tu pecho? ¿Te ha hecho mención? Porque yo sólo podía dormir tranquila después de inhalar ese aroma, después de absorberte por mis narices. Eras mío.
Es cierto que soy celosa, mucho. Dijiste que así no lograríamos nada. Tenías razón, pero no fue culpa de mis celos. Simplemente no caminamos hacia ningún lado. Era más cómodo dejar las cosas como estaban. Yo era más feliz.
No quiero tener que odiarte para dejar de pensarte. Estos días habían sido tranquilos, no había pensado en estas cosas hacía ya mucho. Pero ay que duele.
Pienso un absurdo. Pero tú tiene culpa. Culpa de ser como me gustas que seas. Culpa de dar los abrazos más ricos, los besos más lindos, de despertar y mirarme con esa cara de señorito. Tienes culpa de callar, mirar y sembrar la duda. Culpa de dejarme gritar, enloquecer y llorar. Y te culpo sobre todo por no decir nada, por preguntar tanto, por no leerme como debiste y por creerme cuando te dije que esto sólo había sido una huevada.
No vuelvas a creerme.
lunes, 18 de enero de 2010
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