jueves, 26 de noviembre de 2009

Vida reloca


Mira el techo y mira más allá. Mira el cielo, pero no te detengas en lo que ves, observa un poco más. ¿Ves?, ¿ves eso que quiero mostrarte?, ¿no? Está bien, cierra los ojos y escucha.
No es sólo mi respiración, es que por despistado no te das cuenta que te estoy guardando para siempre. Te poseo en mi memoria, necesito tu olor. Todo tu olor. Tus ojos huelen a tristeza, tu boca a silencio y tu pecho, ay que rico huele tu pecho.
Escucha ahora como te quito el sueño de tus ojos para que despiertes y puedas soñar tranquilo mientras caminas. ¿Escuchas tu olor despertando? se oye bien, sabe bien.
Espera unos minutos que aún no termino de embriagarme con tu olor, déjame robarte una copa más. Sólo una.
Mira sin abrir los ojos. Es lindo, en el fondo es relindo.

viernes, 20 de noviembre de 2009

El tedio

Hoy, como tantos otros días, debería estar estudiando. Pero no. Heme aquí haciendo el quite a las lecturas, no pudiendo concentrarme y sintiendo que, en el fondo, da lo mismo. Sí, da lo mismo y me alegra haberlo comprendido.
Antes, solía ofuscarme por absorber el máximo conocimiento posible y me deprimía si los resultados no expresaban lo que yo tenía claro, lo que yo sabía. Pensaba que tenía que demostrar que era capaz, quería eliminar prejuicios que ni siquiera sé si existieron. Siempre suponiendo, parchando antes de la caída.
Pero en realidad, nada de eso importa. Las cosas no hay porqué demostrarlas, no es necesario. En el intento se pierde la naturalidad, la espontaneidad, lo esencial. Si en el fondo, lo que somos, lo que sabemos y lo que pensamos emerge por nuestros poros sin necesidad de que intervengamos. Y lástima si algunos no son capaces de notarlos y crean prejuicios ante nuestro ser, habrán de ser los ciegos o los sordos, los que no ven más allá, los que decidieron no detenerse a conocernos y no hay que ser un genio para comprender que no seremos interesantes ante todos, pero quienes realmente se detengan llamados por el hedor de nuestro ser secretando el YO que poseemos, serán capaces de descubrirnos por si mismos, sin necesidad de que nos expongamos intencionalmente ante ellos. Es un tiempo variable en cada personaje, pero permite que uno también pueda conocer al otro y no perder el tiempo tratando de proyectar lo que queremos ser. Hombres, si somos lo que somos y es lo que hay. La esencia es una y no se lucha contra ella. Convencer es mentir y mentirse porque se trata de demostrar eso que no es capaz de hablar por si mismo y si no es capaz de eso, entonces no nos pertenece. ¿Es necesario tanto engaño?, ¿son necesarias las máscaras? Se trata de desprenderse, de observar lo externo y aprender de ello para despertar lo que pudiera estar dormido, pero no pretendamos que vaya a nacer un yo confeccionado a nuestro modo, porque los yo existentes son más poderosos que cualquier ficticio. Sean lo que son. He dicho.

martes, 17 de noviembre de 2009

Sombras



Érase un mundo y érase un absurdo. Caminando y al ritmo que el sol cambia de posición ella iba cambiando su tamaño. En el momento de su altura máxima me miró a la cara y me recordó que ella no es era yo y que yo no era ella, pero que éramos un complemento eterno, la opción de ser dos en una misma. Me dijo que somos independientemente dependientes y que debía comprender de una vez por todas que ella no era el Yo con el que a veces me llevo tan mal.
Riendo de mis intentos absurdos por pisarla y golpearla en tiempos desesperados, me dijo que entre nosotras no era posible el daño, ella es inofensiva y yo no puedo penetrar en su mundo. Sé que es imposible, pero a veces, cuando creo que ella no me mira, lo intento creyendo que si no se da cuenta no alcanzará a esquivarme. Ay, es tan rápida, tan astuta y tiene los mejores reflejos.
Cuántos secretos sin querer le he contado, se ha transformado en un testigo, una espía eterna. ¿Cómo deshacerte de ella? Es algo simple: deshazte de ti. Pero ¿tiene algún sentido?
Es complicado porque por mucho tiempo quise vivir en su mundo, y salir de la oscuridad con la luz, gozar del milagro de habitar en dos mundos paralelos, en cierto modo, el mismo mundo mirado de distintas perspectivas.
Dime tú con cuál te quedas. A mí me gustan ambos, pero a veces soy más feliz imaginando ese paralelo que sólo conozco por la proyección de mi misma. El incondicional reflejo que promete no dejarme sola nunca me cuenta que es un lado no tan oscuro como se cree, es sólo que no existen grandes diferencias. Son todas distintas, pero comparten lo esencial.
Durante las noches suelen escaparse mientras dormimos y juegan entre sí con la luz de la luna. Recorren el mundo, salen al encuentro de sus amantes que aún no conocemos. Muchas vuelven con sus amores eternos. Esos que nosotros no podremos volver a ver jamás, esos que ya pasaron y que desaparecieron, que dejamos ir, que herimos, que nos hirieron. Pero a los sombras, a ellas eso no les importa porque no son culpables de nuestros errores. Las presentamos y si se enamoraron han de buscarse cada noche en el breve lapso en que escapan de nuestro lado para dar rienda suelta a su espontaneidad, para gritar nuestros secretos y nuestros anhelos.
Y si quieres saber algo, sé que mi sombra es mi amiga pese a nuestras discusiones, porque sé que me quiere y que me perdona cuando la ofendo. Sé también que cumple mis deseos porque corre a buscar la tuya para robarle los abrazos que yo no soy capaz de darte. Porque a veces la invita a mis sueños para hacerme sentir que me quieres aunque es algo poco cierto. Es su técnica para aliviar mi sensación de estupidez y poder reconciliarse conmigo. Ella busca agradarme haciéndome sentir que aunque en mi mundo no pueda tenerte, será ella quién cada noche robe un poquito de ti para regalármelo a mí.